martes, 6 de diciembre de 2016

Rastro

Repelente de piojos, piña, humo de autobús, playa, salitre, orégano, queso de cabra curado, un alcohólico, primavera, el metro, humo de encina, otoño...
Olores, recuerdos, sensaciones...
También se me cuela por la nariz un hombre sexy, no es guapo, sólo me pone cachonda. Tampoco es feo, no llama la atención, pero me «huele» bien. No es su perfume, ni siquiera lleva. No parece amable ni simpático, pero quiero follármelo. Quitarle la camisa y sumergir mi nariz en su pecho, peludo, espeso, aspirar ese olor que no huele, subirme encima, que me sobe, me muerda, y meterme su polla dura, hasta el fondo.
No sé si él siente lo mismo, no sé si percibe mi olor o tiene algo atrofiado y no siente el calentón que me hace sentir a mi. Pero si somos bioquímica y yo le huelo, ¿Por qué él no me huele? ¿Por qué la naturaleza nos contradice así? Si a mi me excita tanto y mis hormonas responden, ¿No deberían llegarle con más intensidad? No lo entiendo. Quizá le estén llegando a otro y esté pensando lo mismo de mi. No puedo pensar con racionalidad, sólo me guío por el instinto primario de apareamiento, y si no es correspondido es muy frustrante.
Cuando es recíproco también es salvaje y desenfrenado. Me gusta dejarme llevar por ese olor que no huele y, después de los orgasmos, no acordarme ni del nombre, si es que me lo dijeron. ¿Qué importa el nombre en un encuentro fugaz?

Es curioso que, durante la crianza de mis hijos, no me llegó ese «olor inodoro» de ningún hombre. La naturaleza es sabia. Pero ahora, de nuevo, en cada ovulación se me agudizan los receptores y es mejor que evite conversación con alguien del sexo opuesto, por si acaso... Siempre he sido fiel, a pesar de mis instintos y la conciencia de ellos. Por respeto a quien convive conmigo.
Supongo que sigo siendo racional a pesar de todo.
Debe haber poca gente consciente de cuándo reciben esas feromonas, a través del órgano vomeronasal. Lo descubrí con 20 años. Era extraño que nadie me entendiera cuando intentaba explicar la sensación, y busqué información cuando aún no existía Internet. No fue fácil, pero entendí porqué relaciono el olfato con sexo.

Por una parte es gratificante ser consciente de ello, y sentir ese subidón irracional, con raciocinio. Aunque no puedo evitar volver la nariz hacia algunos hombres, cuando los tengo a un par de metros, e imaginar uno de esos encuentros fugaces. A veces los sigo un pequeño tramo, como una hormiga siguiendo un rastro, mientras me recreo en mis propias fantasías...

...

Este delirio ha sido creado para la iniciativa de @divagacionistas  diciembre 2016 #relatosOlores